domingo, 3 de mayo de 2015

RESUMEN AR (Fº Javier Pérez Bootello)

Para terminar, para los que vayáis con un poco más de prisa, aquí os dejo un vídeo de 3 minutos en el que se explica más o menos lo que ya hemos comentado por aquí.


Con esta entrada damos por concluído el blog sobre la artritis reumatoide del curso 2014/2015.
Os animamos a que os leáis lo que os hemos ido contando y dejéis comentarios con vuestras impresiones, dudas, preguntas, etc. Intentaremos ayudaros en la medida de nuestras posibilidades. ¡Un saludo!

Tratamiento Artritis Reumatoide (Natalia Valencia)

TRATAMIENTO 

La terapia para la AR ha mejorado mucho en los últimos 30 años. La artritis reumatoide generalmente requiere tratamiento de por vida. Los tratamientos actuales, cuyo objetivo es principalmente disminuir los síntomas, ofrecen un grado de alivio de los síntomas de bueno a excelente para la mayoría de los pacientes, quienes pueden llegar a alcanzar niveles de actividad normales. Se puede llegar a presentar una remisión, es decir, a no presentar síntomas de la enfermedad activa. Estos tratamientos pueden incluir desde medicamentos, a fisioterapia, cirugía en el peor de los casos… o varias de estas. Esto se debe a que no hay un tratamiento concreto que funcione en todas las personas. Muchas personas con Artritis Reumatoide deben cambiar su tratamiento por lo menos una vez a lo largo de su vida.

Esta enfermedad, empeora con el tiempo y puede llevar al daño permanente del cartílago y los huesos dentro de las articulaciones. A menudo, esto también puede llevar a la pérdida de la función articular.

Un tratamiento agresivo y temprano para este tipo de artritis puede retardar la destrucción de la articulación. Al ser una enfermedad progresiva, su tratamiento temprano permite minimizar los daños todo lo que se puede, evitando el avance del daño articular.


MEDICAMENTOS


Medicamentos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (DMARD, por sus siglas en inglés) : Es la primera opción a tener en cuenta, y los primeros que se administran en pacientes con esta enfermedad. Estos medicamentos no sólo alivian los síntomas, sino que también retardan el avance de la enfermedad. Se combinan con ejercicios de fortalecimiento y fármacos antinflamatorios.

  • El metotrexato (Rheumatrex) es el DMARD más comúnmente utilizado para la artritis reumatoide. También se pueden utilizar otros como la leflunomida (Arava) y la hidroxicloroquina.
  • La sulfasalazina es un antinflamatorio que a menudo se combina con metotrexato e hidroxicloroquina. Esto se conoce como “terapia triple”

Los DMARD han mejorado mucho los síntomas, la función y la calidad de vida de casi todos los pacientes con esta enfermedad. Al ser fármacos que presentan numerosos efectos secundarios, algunos de los cuales muy serios, los pacientes necesitan análisis de sangre frecuentes durante el tratamiento
Medicamentos antinflamatorios: abarcan desde la aspirina (ácido acetilsalicílico) hasta los antinflamatorios no esteroides (AINES), como ibuprofeno y naproxeno. Estos últimos, aunque funcionan bien se sabe que si se usan durante un tiempo prolongado, pueden causar úlceras y sangrados estomacales, además de posibles problemas cardíacos.
Otro medicamento que se utiliza es el colecoxib (Celebrex), antinflamatorio también. Los fármacos inhibidores de COX-1 (los de esta clase), pueden incrementar el riesgo de ataques cardíacos y accidente cerebrovascular de algunas personas.

Medicamentos antipalúdicos: En este grupo se incluye el hidroxicloroquina (Plaquenil) y casi siempre se usan junto con metotrexato. Puede pasar bastante tiempo hasta que se vea algún beneficio con estos medicamentos (entre semanas y meses). 

Corticosteroides: Estos medicamentos son medicamentos que se deben tomar durante cortos periodos de tiempo y en dosis lo más bajas posibles debido a los efectos secundarios que pueden provocar. Se utilizan para reducir la hinchazón e inflamación articular

Agentes biológicos: Son medicamentos destinados a afectar a partes del sistema inmunitario, importantes en esta enfermedad y en su proceso patológico, y a las señales que conducen la inflamación y los daños en las articulaciones y tejidos.
Se administran cuando otro tipo de medicamentos de los que hemos citado, no han dado resultados aunque en algunos casos se administran en combinación con otros. La administración de estos fármacos suele ser bajo la piel (subcutáneos) o en una vena (intravenosos). Existen diferentes tipos de fármacos biológicos.
  • Moduladores de glóbulos blancos como: abatacept (Orencia) y rituximab (Rituxan)
  • Inhibidores del factor de necrosis tumoral (FNT) como: Adalimumab (Humira), Etanercept (Enbrel), Infliximab (Remicade), golimumab (Simponi) y certolizumab (Cimzia)
  • Inhibidores de la interleucina-6 (IL-6): tocilizumab (Actemra)
Como vemos son medicamentos con nombres complejos o raros, pero pueden ser muy útiles en el tratamiento. Sin embargo, frente a su utilidad, encontramos una desventaja, pues las personas que toman estos medicamentos tienen cierto riesgo a:
  • Infecciones a raíz de bacterias, virus y hongo
  • Leucemia o linfoma
  • Psoriasis: Enfermedad de la piel que causa descamación e inflamación (dolor, hinchazón, calentamiento y coloración)
  • Reacciones alérgicas 
     Cirugía

     En algunos casos, normalmente con la enfermedad más avanzada o casos graves, se puede necesitar una intervención quirúrgica con el fin de corregir las articulaciones que han sufrido daños graves. La cirugía puede abarcar:
  • Sinovectomía: Extirpación del revestimiento articular
  • Artroplastia total en casos extremos; puede incluir artroplastia total de rodillaartroplastia de cadera, artroplastia del tobillo, artroplastia del hombro y otras articulaciones.La artroplastia es la cirugía ortopédica que consiste en cambiar las superficies articulares. Su objetivo es reemplazar las partes de la articulación que han sido dañadas y aliviar el dolor.
FISIOTERAPIA

Incluyen ejercicios de rango o amplitud de movimiento. Así mismo, los programas indicados por el fisioterapeuta pueden llegar a retardar la pérdida de función articular y ayudan a mantener los músculos fuertes. Algunas veces, los terapeutas usan máquinas especiales para aplicar calor profundo o estimulación eléctrica para reducir el dolor y mejorar la movilidad articular. 

Hay más terapias conocidas que pueden llegar a aliviar el dolor articular entre las que destacan:
  • Técnicas de protección de la articulación
  • Tratamientos con calor y frío.
  • Férulas o dispositivos ortopédicos para apoyar y alinear las articulaciones.
  • Períodos frecuentes de descanso entre las actividades, así como de 8 a 10 horas de sueño cada noche.

La educación del paciente es también muy importante, por ejemplo con respecto a cómo hacer frente a la enfermedad. El cuidado apropiado requiere la experiencia de un equipo en el que se incluyen reumatólogos, médicos de atención primaria y terapeutas físicos y ocupacionales.

Bibliografía
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000431.htm
http://www.dmedicina.com/enfermedades/musculos-y-huesos/artritis-reumatoide.html
https://www.rheumatology.org/Practice/Clinical/Patients/Diseases_And_Conditions/Artritis_Reumatoidea_%28Espa%C3%B1ol%29/
http://www.enbrelenespanol.com/rheumatoid-arthritis/your-condition.jspx
http://espanol.arthritis.org/espanol/tratamientos/


Patologías asociadas (Clara Ramírez Jaén y Marina Sánchez-Serrano Hernández)

PATOLOGÍAS ASOCIADAS

Como ya hemos dicho, la artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune sistémica, por lo que aunque la localización fundamental de las lesiones está en la membrana sinovial de las articulaciones, a veces puede alterar otras estructuras.  Además de la aparición de los ya mencionados nódulos reumatoides de la piel, que no solo aparecen en zonas de roce, sino también en el interior del organismo, la artritis reumatoide puede provocar otras alteraciones. A continuación mencionaremos algunos de los trastornos relacionados:

      - Osteoporosis: se trata de una enfermedad que se caracteriza por una reducción en la densidad ósea. De hecho, en estudios realizados en enfermos de AR se ha demostrado una menor densidad ósea. Además, el tratamiento con esteroides para la AR refuerza esta relación ya que la corticoterapia produce una pérdida de masa ósea, especialmente en huesos con alto componente trabecular como las vértebras, las costillas,  la cresta iliaca y las regiones terminales de los huesos largos. Se ha observado que al menos el 25% de los pacientes con AR tratados con corticoides de forma continuada presentan alguna fractura ósea por osteoporosis.

La arteriosclerosis y su principal secuela clínica,la enfermedad cardiovascular, es más frecuente de lo esperado en pacientes con artritis reumatoide. De hecho, la enfermedad cardiovascular es la principal causa de mortalidad en la artritis reumatoide. Los factores de riesgo de desarrollo de enfermedad cardiovascular no están especialmente alterados en artritis reumatoide, pero parece que son los mediadores de la inflamación y la proteína C reactiva los principales responsables de la aparición de este tipo de patologías en pacientes con AR. Algunos fármacos antiinflamatorios también podrían añadir cierto riesgo de enfermedad cardiovascular. Sería el caso de los AINEs, los cuales pueden provocar hipertensión arterial o agravar la ya existente.


    - La artritis reumatoide puede originar infamación y atrofia de las glándulas que producen las lágrimas, la saliva, los jugos digestivos o el flujo vaginal, provocando sequedad de la piel y de las mucosas. Cuando esto ocurre se habla de Síndrome de Sjögren secundario a artritis reumatoide. Este síndrome se trata de otra enfermedad sistémica autoinmune que se caracteriza fundamentalmente por sequedad en la boca y en los ojos debido al daño de las glándulas salivales y lagrimales. Entre un 20-50% de los pacientes con artritis reumatoide presentan asociado síndrome de Sjögren.

  - La AR también puede producir alteraciones en los análisis de sangre y orina, observándose que una de las condiciones más comunes que se pueden desarrollar en personas diagnosticadas con artritis reumatoide es la anemia.

  - La mayoría de los enfermos con AR requiere una adaptación psicológica importante. Algunos factores como el deterioro funcional, el dolor, la pérdida de independencia o las dificultades para llevar una vida normal, representan fuentes constantes de estrés psicológico que predisponen a los pacientes a alteraciones depresivas.
Mientras que la depresión afecta aproximadamente a un 5% de la población general, en la artritis reumatoide llega a un 20-30%. Además, la depresión afecta también a la evolución de la enfermedad, en cuanto al dolor y a la capacidad funcional principalmente.
La variable que se ha asociado a la depresión es el dolor, ya que el dolor aumenta la depresión y esta aumenta el dolor. Por tanto, la depresión podría aparecer como consecuencia de un dolor crónico, pero en realidad, parece que la depresión tiene más influencia sobre el dolor que al contrario. Por ello un dolor aceptable se puede convertir en insoportable si hay una depresión asociada.

Bibliografía:
http://www.ser.es/ArchivosDESCARGABLES/Folletos/02.pdf

Factores relacionados (Inés Perdomo Delgado)

FACTORES DE RIESGO Y PRECIPITANTES

Factores precipitantes o agravantes
  •   Tabaquismo: es el principal agravante porque disminuye la respuesta al tratamiento con MTX (metotrexato) y anti-TNFα.

-          Según un estudio español presentado en el Congreso EULAR (Liga Europea contra las enfermedades Reumáticas), los cigarrillos son un factor de riesgo para padecer artritis reumatoide y tienen la misma influencia en el desarrollo de esta enfermedad que el factor genético más conocido hasta la fecha: el HLA.
El doctor Alejandro Balsa, jefe de Reumatología del Hospital La Paz (Madrid) y uno de los autores del trabajo, explica que "el tabaco es un factor de riesgo para padecer, sobre todo, el subtipo de artritis reumatoide más frecuente y, además, la más grave". El nombrado doctor afirma que "un hijo de un paciente con artritis reumatoide que fume tiene un riesgo casi 10 veces mayor que la población general de padecer el trastorno mientras que si no tiene antecedentes en la familia esta cifra será de cuatro veces más".

  •  Otros irritantes pulmonares
  •  Sílice, partículas contaminantes atmosféricas (vegetales, combustibles fósiles, infecciones pulmonares) .
  •  Obesidad : El exceso de peso puede contribuir tanto a la aparición como al avance de la osteoartritis de rodilla.
  •  Lesiones en las articulaciones: El daño a una articulación puede contribuir a la aparición de osteoartritis en esa articulación.
  •  Infección: Diversos agentes microbianos pueden provocar una infección en las articulaciones y el posible desarrollo de diversos tipos de artritis.
  •  Ocupación: Ciertas ocupaciones que requieren doblar las rodillas de forma repetitiva se asocian a la osteoartritis de rodilla.
  •  Sexo y factores hormonales:  3 veces más frecuente en mujeres.




Posible efecto protector:
  1.     Dieta mediterránea y consumo moderado de alcohol.
  2.      Efecto inmunomodulador de los estrógenos.
  3.     El embarazo se asocia con remisión de la AR.
  4.    Los anticonceptivos orales ejercen un efecto inmunomodulador, protector sobre su gravedad, pero no sobre su incidencia.
    




    Bibliografía: 

   http://www.elmundo.es/elmundosalud/2009/06/22/dolor/1245679734.htmlPeriodontitis (Porphyromonas gingivalis)   

PARTICIPACIÓN DEL SISTEMA INMUNITARIO EN LA ARTRITIS REUMATOIDE (Marcos Piris González)


PARTICIPACIÓN DEL SISTEMA INMUNITARIO EN LA ARTRITIS REUMATOIDE

Ya hemos mencionado que la ARTRITIS REUMATOIDE es una enfermedad de tipo autoinmune, pero ahora procederemos a explicar qué mecanismos del sistema inmunitario participan en esta enfermedad, teniendo en cuenta que estos no se conocen con exactitud.

Para empezar, es importante destacar que el desencadenante son los procesos de la inmunidad adaptativa, los cuales van a desarrollar una respuesta contra el propio organismo, en este caso en concreto contra las articulaciones. Las células responsables de esta respuesta son los linfocitos.

Comencemos con los linfocitos T, los cuales se han asociado con la patogenia de la artritis reumatoide tras numerosos estudios. Los análisis de muestras de tejidos sinoviales de pacientes con esta enfermedad revelan la existencia de distintas subpoblaciones de linfocitos Th, más concretamente de los tipos Th1, Th17 y Treg. Los Th1 han sido considerados durante muchos años la causa principal de la artritis reumatoide, es decir, la anómala activación de estos produciría la activación de mecanismos que terminan con la destrucción del tejido articular. Pero esta afirmación se encuentra últimamente en entredicho, y es que si bien la principal citoquina liberada por los linfocitos Th1 es el IFN-, las concentraciones de la misma en la membrana o el fluido sinovial de los pacientes con artritis reumatoide son muy bajas o nulas. De hecho, se ha observado una aceleración de la enfermedad inducida por colágeno (CIA o collagen induced artritis) en ratones carentes de genes implicados en la respuesta Th1, como los genes que codifican para el propio IFN- (Ifng), para el receptor de este (Ifngr), o para la IL-12 (Il12a).

Estos descubrimientos hicieron que los investigadores cambiasen su punto de mira, buscando la implicación de otras líneas celulares. Nuevos estudios demostraron que la enfermedad puede mejorar o empeorar con la inhibición o sobre-expresión de IL-17 respectivamente. Esto ha llevado a otorgar relevancia en los últimos tiempos a los linfocitos secretores de dicha citoquina, los Th17. Se cree que presentan un papel iniciador en la enfermedad, interaccionando con células dendríticas, macrófagos y linfocitos B. El hecho de encontrar un gran número de neutrófilos en la membrana sinovial de los pacientes afectados apoya esta teoría, y es que entre las funciones de la IL-17 se encuentra la de provocar la extravasación de estas células de la inmunidad innata tras activar el endotelio. Los neutrófilos son unos de los principales responsables del daño tisular (daño directo) al liberar citoquinas proinflamatorias (TNF-, IL-1, IL-6), además de quimiocinas, prostaglandinas, metaloproteasas de matriz, y reactivos intermediarios del nitrógeno y el oxígeno.

Pero los linfocitos T no son los únicos partícipes del desencadenamiento de la artritis reumatoide, sino que la participación de los linfocitos B es muy importante. Se ha observado presencia de autoanticuerpos en el tejido articular, y terapias farmacológicas dirigidas hacia estas células (anticuerpo monoclonal rituximab) han sido demostradas como efectivas en pacientes con esta enfermedad. Aunque la función más conocida de los linfocitos B es la producción de anticuerpos, esta no es la única. Son capaces de activar a linfocitos T mediante la presentación de antígenos, además de liberar sustancias que median el proceso inflamatorio, como IL-6 o IL-10. Pero es importante destacar su papel en la producción de TNF- y LT- (lymphotoxin-beta), los cuales activan a los fibroblastos sinoviales. Estos, que en un primer momento entran en estado activo inducidos por el microambiente local, adquieren después un fenotipo seudomaligno con regulación alta de oncogenes, inhibición de la apoptosis, y liberación de moléculas que median el proceso inflamatorio crónico y catalizan la destrucción articular característica de la enfermedad.

Pero como hemos visto en el caso de los neutrófilos, aunque las células de la inmunidad adaptativa son las responsables de que se origine la enfermedad, la función de las mismas no es actuar de forma directa sobre las articulaciones, sino activar los mecanismos de la inmunidad innata. Este proceso es imprescindible en el desarrollo de la artritis reumatoide y de cualquier enfermedad autoinmune.

Comenzaremos hablando de los macrófagos, que liberan una gran variedad de citoquinas proinflamatorias, como el TNF- o la IL-1. El TNF- es una molécula especialmente relevante en la artritis reumatoide, tal y como demuestran los estudios farmacológicos. De hecho, la clínica del 70% de los pacientes con esta enfermedad mejora con el bloqueo farmacológico de las vías activadas por el TNF- (anticuerpo monoclonal infliximab). Este induce la activación del endotelio, leucocitos, fibroblastos, y la angiogénesis.

Participan también las células dendríticas, pues se encargan de presentar antígenos a los linfocitos T, para que estos puedan activarse.

Por último, se produce una activación e hiperplasia de mastocitos a nivel articular. Estos secretan metaloproteasas y citoquinas proinflamatorias.

Todos estos procesos llevan al establecimiento del tejido inflamatorio o pannus, el cual adquiere la capacidad de invadir y destruir el cartílago articular adyacente.

Cabe destacar que todo el mecanismo podría verse paliado por los linfocitos Treg, pero parece que la función de los mismos está disminuida en la artritis reumatoide, lo que contribuye al desequilibrio hacia la inflamación.


BIBLIOGRAFÍA







GENÉTICA DE LA AR (Fº Javier Pérez Bootello)

Influencia clínica de los polimorfismos genéticos en la artritis reumatoide

Ante todo, se debe aclarar que las causas de la artritis reumatoide no están totalmente esclarecidas. Como toda enfermedad autoinmune, no se conoce el desencadenante de su desarrollo, pero sí se sabe con seguridad que está muy relacionada con los factores genéticos. Como muchas otras enfermedades es multifactorial. En este tipo de patologías, tanto el ambiente como los factores genéticos contribuyen a la etiología o a la gravedad clínica. La genética de muchas enfermedades multifactoriales es compleja, ya que se ven involucrados varios genes y además no se aplica el modelo de herencia mendeliano. La contribución genética a la susceptibilidad de la artritis reumatoide se ve reflejada tanto en grupos familiares como, sobre todo, en gemelos monocigóticos.
Varios autores sugieren que por lo menos 10 regiones genéticas distintas pueden estar relacionadas con la artritis reumatoide. Esta variabilidad en cuanto a factores genéticos implicados puede estar relacionada con la diversidad de manifestaciones clínicas y diferente gravedad en la que puede aparecer. Además, la respuesta a los fármacos en dos personas escogidas aleatoriamente difiere más entre sí que la respuesta a un mismo fármaco entre dos personas emparentadas. Esto apoya también la relación entre factores genéticos y el desarrollo de la artritis reumatoide.
La mayoría de los genes implicados en la predisposición al desarrollo de la artritis reumatoide se localizan en los loci del HLA, que son los que codifican para las proteínas de la inmunidad adaptativa (la inmunidad innata no suele estar relacionada con las patologías autoinmunes, la autotolerancia innata es un mecanismo de “selección natural”). Otros genes candidatos son aquellos que codifican para diversas citoquinas, como la IL1 o el TNFα.




El complejo antígeno de histocompatibilidad

El MHC (major histocompatibility complex “complejo mayor de histocompatibilidad”) es una región genética en el cromosoma 6 que se ha asociado constantemente a la artritis reumatoide. La contribución de esta región es de aproximadamente un 30% del efecto genético total. La artritis reumatoide está asociada a alelos específicos de HLA-DRB1 que codifican para una secuencia conservada de aminoácidos (residuos 70-74 en la cadena DRB1) conocida como epítopo compartido. Esta secuencia se encuentra en el suelo de la hendidura para el antígeno (denominado peptide-binding Groove “sitio de unión al péptido”). La presencia y el número de copias de los alelos de HLA-DRB1 que codifican para el epítopo compartido se han asociado a la presencia de nódulos reumáticos, a un mayor y más rápido desgaste de la articulación, al síndrome de Felty, a vasculitis y en muchos casos a la necesidad de cirugía. Diversas combinaciones de estos alelos (por ejemplo DRB1*0401/DRB1*0404) que codifican para el epítopo compartido están aparentemente asociadas a un inicio prematuro, así como a un fenotipo más grave.
También se han descrito secuencias de tipo microsatélite (recordemos, repeticiones de 2, 3 o 4 péptidos en tándem) dentro de la región HLA. Así, por ejemplo, el D6S273 es un microsatélite de la región HLA de clase III, mientras que el D62223 es un microsatélite de la región HLA de clase I. Algunos de estos marcadores microsatélites están relacionados con la respuesta determinados fármacos.


Genes de citocinas en la artritis reumatoide

Conocemos ya el papel crítico de varias citocinas (como el TNF y la IL-1) en la patogénesis de la artritis reumatoide. Si se considera la heterogeneidad de la regulación genética de éstas, así como la presencia de estas moléculas en la articulación, es posible que los polimorfismos que regulan la producción de estas citocinas afecten el curso natural de la enfermedad. Recientemente se ha identificado un gran número de polimorfismos con posibles fenotipos funcionales, mayoritariamente en la región promotora de varias citosinas. Se sospecha que son de gran importancia para mantener el equilibrio entre citocinas proinflamatorias y antiinflamatorias.




Factor de necrosis tumoral

Una de las moléculas que interviene en el desarrollo de la artritis reumatoide es la citoquina proinflamatoria TNF. Esta molécula pertenece a una familia de proteínas involucradas en la regulación del sistema inmune y en la apoptosis. Las concentraciones de TNF en sujetos con artritis reumatoide están elevadas crónicamente en sangre y más notablemente en las articulaciones. Dos receptores intervienen en las funciones de esta molécula: TNFRSF1A y TNFRSF1B, que están presentes como monómeros tanto en la superficie celular como en las formas solubles. Se sabe que el TNF está involucrado en la estimulación de la producción de citocinas (incrementa la expresión de moléculas adherentes) y en la activación de neutrófilos.
Dentro del gen TNF se ha descrito la presencia, mayoritariamente en la región promotora, de SNP (single nucleotide polymorphism ‘polimorfismos mononucleotídicos’). El primer polimorfismo identificado fue una transición entre guanina (G) y adenina (A) en la posición −308. El alelo A, poco común, tiene una fuerte asociación a enfermedades autoinmunes y a fenotipos que ocasionan una mayor producción de TNF. Este alelo puede facilitar los errores en la regulación de la red de citoquinas y originar la artritis reumatoide.



Interleucina-1

La IL-1 es otra citoquina que contribuye a la destrucción crónica que tiene lugar en la artritis reumatoide. Se acepta que la artritis puede inducirse en ratones mediante una inyección local de citoquinas recombinantes (TNF o IL-1) en la articulación de la rodilla. La actividad biológica de la IL-1 depende del equilibrio entre 2 citoquinas proinflamatorias (IL-1α y IL-1β) y una proteína antiinflamatoria (el antagonista del receptor de IL-1: IL-1RA). El IL-1RA bloquea la unión de IL-1α y IL-1β a su receptor y regula la activación de estas 2 citocinas. La IL-1 es importante ya que induce la supresión de la síntesis de la matriz llevada a cabo por los condrocitos y la liberación de agrecanasas, enzimas causantes de la pérdida de proteoglucanos (agrecano).
Los genes que codifican estas 3 proteínas (IL-1α, IL-1β y IL-1RA) están localizados en una región de 430kb en el cromosoma 2. En cada uno de estos genes hay SNP y otros tipos de alteraciones que originan la existencia de haplotipos comunes en la población, dado el elevado desequilibrio de ligamiento que tiene lugar en esta región. Entre los polimorfismos de interés se encuentran:
a) SNP bialélicos en el gen IL-1 α.
b) En el gen IL-1β. 
c) En el gen IL-1RA. 
d) En sitio polimórfico pentaalélico en el intrón 2 que contiene un VNTR (“número variable de repeticiones en tándem”) de una secuencia de 86 pares de bases.
Algunos estudios han reflejado la asociación entre la presencia de los alelos menos prevalentes en los genes IL-1α o IL-1β y un incremento tanto en la susceptibilidad a la artritis reumatoide como en la destrucción de la articulación.



Otros mecanismos implicados

Los otros dos sistemas genéticos que participan en la susceptibilidad de la artritis reumatoide y que no tiene relación con el HLA son los alotipos de la cadena pesada de las inmunoglobulinas, situados en el cromosoma 14 y los genes de las regiones variables del receptor de las células T que se encuentran en el cromosoma 7.
Además, se ha descrito relación entre la artritis reumatoide y el papel de las hormonas sexuales. La primera observación de la posible influencia de las hormonas sexuales en la AR data del siglo pasado, cuando Garrod describió la mejoría significativa de la AR en una mujer embarazada. Se ha postulado que durante el embarazo, la placenta produce una sustancia anti inflamatoria e inmunomoduladora (glicoproteína asociada al embarazo o PAG, siglas en inglés). Otros factores relacionados son los niveles incrementados de estrógenos, disminución en los niveles de moléculas de inmunoglobulinas que pierden la galactosa y la estimulación del sistema inmune por antígenos HLA paternos se han relacionado como moduladores durante el embarazo. Estos cambios son transitorios y revierten o se normalizan tras el parto.
Otro punto que ha sido extensamente estudiado y revisado es el posible papel protector de los anticonceptivos orales. Spector y Hochberg realizaron un metanálisis en el que concluyeron que los anticonceptivos orales más que un efecto "protector" lo que hacen es retardar el inicio de la enfermedad. De otra parte es factible que la deficiencia de otras hormonas como los glucocorticoides tengan alguna relación con la generación de señales Th1 y Th2 en la regulación de la respuesta inmunitaria.



Ambiente



El papel del ambiente es igualmente importante y lo analizamos por los siguientes factores que se basan en:

  • La concordancia en gemelos monocigotos no alcanza el 100%.
  • Sólo una pequeña parte de los individuos que heredan el supuesto gen de susceptibilidad desarrollan la enfermedad.
  • Las variaciones de la prevalencia de la enfermedad en comunidades que se originaron de un tronco étnico común pero que se distinguieron posteriormente por la influencia del urbanismo. Un ejemplo de esto es lo que ocurre con la etnia Xhosa de Suráfrica, mientras viven en el medio rural la prevalencia de la AR es muy baja, igualándose a las cifras europeas cuando habitan en ciudades.
  • El papel de la dieta.

Poco se conoce sobre la influencia de la nutrición en la etiología o la patogénesis de las enfermedades reumáticas. A pesar de la existencia de algunos estudios sobre el papel de la dieta, estos tienen un valor limitado. No hay evidencia de que alergias a los alimentos o deficiencias de vitaminas causen AR. En pacientes con AR, se ha observado que la tartrazina, la leche, cereales y quesos podrían exacerbar la AR, pero estudios doble ciego con pruebas de provocación no encontraron evidencia de esta observación.
En un estudio controlado realizado por Haugen y cols observaron que los pacientes con AR mejoran después de un ayuno de 7-10 días y que la mejoría se puede mantener con dieta a través de 3 a 9 meses de tipo lactovegetariana, pero los autores no pudieron explicar la mejoría en los respondedores a la dieta por un cambio en el perfil de los ácidos grasos.
El riesgo atribuible (esto es la proporción de la enfermedad) que es explicado por un hecho dado (en este caso, factores genéticos), ha sido estimado en aproximadamente 20 a 30%. Este dato está basado en el nivel de concordancia hallado entre gemelos homocigóticos; significando que cerca del 70% de las causas de la AR son explicadas por factores exógenos o por factores internos no bien aclarados.


Identificando la huella genómica de la AR

En 2013, se publican en la revista Nature los resultados del mayor estudio hasta la fecha sobre la artritis reumatoide, en el que han participado 38 instituciones de diferentes países (como el CSIC), entre los que se encuentra España, y se han analizado unos 10 millones de marcadores genéticos. En esta investigación, se ha logrado identificar 42 marcadores asociados con la enfermedad. Esta información casi duplica el número de loci asociados a la artritis que previamente se conocían y añade una cantidad significativa al actual conocimiento y comprensión de la base genética de esta enfermedad
Lo conseguido en este trabajo aumenta las posibilidades de desarrollar terapias para este trastorno. Además de aportar información sobre la susceptibilidad genética a la artritis reumatoide, se han encontrado similitudes con otras enfermedades, como cánceres que afectan a la sangre. Algunas de estas enfermedades ya tienen tratamientos eficaces, por lo que estas homologías abren la puerta a la posible utilización de estos fármacos para tratar la artritis reumatoide.L


BIBLIOGRAFÍA
 Alarcon G Epidemiology of Reumatoid Athritis. Rheum Dis Clin North Am. 21: 589-604; 1995
 Seewll KL. Trrenthan DE. Pathogenecis of rheumatoid artrhritis. Lancet 1993; 341: 283-286

Weyand CM, Goronzy JJ. Disease mechanism in rheumatoid arthritis-gene dodage affect of HLA-DR haplottipes. J Lab Clin Med 1994; 124: 355-338.

sábado, 2 de mayo de 2015

DIAGNÓSTICO (Clara Ramírez Jaén)

DIAGNÓSTICO

No existe una prueba diagnóstica específica para la artritis reumatoide, además, podría ocurrir que una persona presentase dolor e inflamación en las articulaciones durante algún tiempo y que ni las radiografías o los análisis, ni la intensidad de la enfermedad permitiesen al médico hacer un diagnóstico con certeza.

Hasta hace poco, la mejor aproximación para establecer una clasificación de la artritis reumatoide la ofrecía el factor reumatoide (FR). Se trata de una inmunoglobulina de isotipo IgM normalmente, dirigida contra el fragmento Fc de las moléculas de IgG.
Sin embargo, se trata de un elemento diagnóstico poco específico ya que está presente en individuos que padecen otras enfermedades autoinmunes como el síndrome de Sjögern, enfermedades infecciosas como la hepatitis o la tuberculosis, o incluso en individuos de edad avanzada.

Por otro lado, tenemos que hablar de los anticuerpos anti-factor perinuclear y anti-queratina. Estos, son anticuerpos anti-CCP (anti-péptido cíclico citrulinado) mucho más específicos que se unen ambos al mismo antígeno, la filagrina.
Esta proteína contiene residuos de citrulina necesarios para el reconocimiento específico por los auto-anticuerpos. La citrulinación es un proceso post-traduccional en el que la enzima peptidil arginina deiminasa transforma arginina en citrulina.
Aunque se desconoce la función específica de los péptidos citrulinados, estos tienen importancia inmunológica, ya que una modificación post-traduccional puede tener importancia en la pérdida de tolerancia si esta modificación ocurre en la periferia y no en el timo.

Se considera que los anticuerpos anti-CCP deberían ser parte de los criterios diagnósticos de la artritis reumatoide, puesto que se detecta su presencia años antes de desarrollar la enfermedad. Además, se asocia su presencia con formas más severas de la enfermedad por lo que tendrían un valor pronóstico.

En cuanto a los criterios diagnósticos actuales, existen 7 síntomas de los cuales el paciente debería manifestar al menos cuatro para ser diagnosticado como enfermo:

  • Rigidez matutina en las articulaciones durante una hora o más.
  • Artritis en 3 o más áreas articulares de forma simultánea y con ligera tumefacción o fluido tisular. Las distintas áreas donde podría manifestarse son: articulación interfalángica proximal, articulación metacarpo-falángica, muñeca, codo, rodilla, tobillo o articulaciones metatarso-falángicas.
  •  Artritis en articulaciones de las manos con tumefacción en al menos una de las siguientes zonas: muñeca, articulación metacarpo-falángica o articulación interfalángica proximal.
  • Presencia de artritis simétrica, es decir, manifestación simultánea de las mismas áreas articulares de ambos lados del cuerpo.
  • Presencia de nódulos reumatoides, son pequeños bultos subcutáneos sobre prominencias óseas, superficie de los extensores o en regiones inmediatamente cercanas a la articulación. Aparecen en el 25% de los pacientes aproximadamente, y son más comunes en los hombres que en las mujeres.  
  • Demostración de cantidades anormales del factor reumatoide en suero.
  • Cambios radiológicos: los más típicos aparecen en radiografías anteroposteriores de la mano y las muñecas, localizados en las articulaciones implicadas o en zonas adyacentes a ellas.
En las fases iniciales de la enfermedad la imagen radiológica de la articulación puede ser normal o con un aumento de las partes blandas periarticulares, debido al edema de los tejidos. Con el tiempo, la radiología convencional pone de manifiesto osteoporosis de zonas adyacentes a la articulación, es decir, una desmineralización secundaria a la inflamación, erosiones y estrechamiento del espacio articular. Esto se va produciendo gradualmente a medida que se destruye el cartílago.


No suelen ser necesarias otras técnicas, salvo en el caso de una subluxación atloaxoidea, en la que se realizaría una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética. También es útil la gammagrafía ósea para localizar las articulaciones inflamadas.

Además de presentar al menos cuatro de los síntomas, los cuatro primeros citados deben perdurar al menos seis semanas.

Bibliografía: