domingo, 3 de mayo de 2015

PARTICIPACIÓN DEL SISTEMA INMUNITARIO EN LA ARTRITIS REUMATOIDE (Marcos Piris González)


PARTICIPACIÓN DEL SISTEMA INMUNITARIO EN LA ARTRITIS REUMATOIDE

Ya hemos mencionado que la ARTRITIS REUMATOIDE es una enfermedad de tipo autoinmune, pero ahora procederemos a explicar qué mecanismos del sistema inmunitario participan en esta enfermedad, teniendo en cuenta que estos no se conocen con exactitud.

Para empezar, es importante destacar que el desencadenante son los procesos de la inmunidad adaptativa, los cuales van a desarrollar una respuesta contra el propio organismo, en este caso en concreto contra las articulaciones. Las células responsables de esta respuesta son los linfocitos.

Comencemos con los linfocitos T, los cuales se han asociado con la patogenia de la artritis reumatoide tras numerosos estudios. Los análisis de muestras de tejidos sinoviales de pacientes con esta enfermedad revelan la existencia de distintas subpoblaciones de linfocitos Th, más concretamente de los tipos Th1, Th17 y Treg. Los Th1 han sido considerados durante muchos años la causa principal de la artritis reumatoide, es decir, la anómala activación de estos produciría la activación de mecanismos que terminan con la destrucción del tejido articular. Pero esta afirmación se encuentra últimamente en entredicho, y es que si bien la principal citoquina liberada por los linfocitos Th1 es el IFN-, las concentraciones de la misma en la membrana o el fluido sinovial de los pacientes con artritis reumatoide son muy bajas o nulas. De hecho, se ha observado una aceleración de la enfermedad inducida por colágeno (CIA o collagen induced artritis) en ratones carentes de genes implicados en la respuesta Th1, como los genes que codifican para el propio IFN- (Ifng), para el receptor de este (Ifngr), o para la IL-12 (Il12a).

Estos descubrimientos hicieron que los investigadores cambiasen su punto de mira, buscando la implicación de otras líneas celulares. Nuevos estudios demostraron que la enfermedad puede mejorar o empeorar con la inhibición o sobre-expresión de IL-17 respectivamente. Esto ha llevado a otorgar relevancia en los últimos tiempos a los linfocitos secretores de dicha citoquina, los Th17. Se cree que presentan un papel iniciador en la enfermedad, interaccionando con células dendríticas, macrófagos y linfocitos B. El hecho de encontrar un gran número de neutrófilos en la membrana sinovial de los pacientes afectados apoya esta teoría, y es que entre las funciones de la IL-17 se encuentra la de provocar la extravasación de estas células de la inmunidad innata tras activar el endotelio. Los neutrófilos son unos de los principales responsables del daño tisular (daño directo) al liberar citoquinas proinflamatorias (TNF-, IL-1, IL-6), además de quimiocinas, prostaglandinas, metaloproteasas de matriz, y reactivos intermediarios del nitrógeno y el oxígeno.

Pero los linfocitos T no son los únicos partícipes del desencadenamiento de la artritis reumatoide, sino que la participación de los linfocitos B es muy importante. Se ha observado presencia de autoanticuerpos en el tejido articular, y terapias farmacológicas dirigidas hacia estas células (anticuerpo monoclonal rituximab) han sido demostradas como efectivas en pacientes con esta enfermedad. Aunque la función más conocida de los linfocitos B es la producción de anticuerpos, esta no es la única. Son capaces de activar a linfocitos T mediante la presentación de antígenos, además de liberar sustancias que median el proceso inflamatorio, como IL-6 o IL-10. Pero es importante destacar su papel en la producción de TNF- y LT- (lymphotoxin-beta), los cuales activan a los fibroblastos sinoviales. Estos, que en un primer momento entran en estado activo inducidos por el microambiente local, adquieren después un fenotipo seudomaligno con regulación alta de oncogenes, inhibición de la apoptosis, y liberación de moléculas que median el proceso inflamatorio crónico y catalizan la destrucción articular característica de la enfermedad.

Pero como hemos visto en el caso de los neutrófilos, aunque las células de la inmunidad adaptativa son las responsables de que se origine la enfermedad, la función de las mismas no es actuar de forma directa sobre las articulaciones, sino activar los mecanismos de la inmunidad innata. Este proceso es imprescindible en el desarrollo de la artritis reumatoide y de cualquier enfermedad autoinmune.

Comenzaremos hablando de los macrófagos, que liberan una gran variedad de citoquinas proinflamatorias, como el TNF- o la IL-1. El TNF- es una molécula especialmente relevante en la artritis reumatoide, tal y como demuestran los estudios farmacológicos. De hecho, la clínica del 70% de los pacientes con esta enfermedad mejora con el bloqueo farmacológico de las vías activadas por el TNF- (anticuerpo monoclonal infliximab). Este induce la activación del endotelio, leucocitos, fibroblastos, y la angiogénesis.

Participan también las células dendríticas, pues se encargan de presentar antígenos a los linfocitos T, para que estos puedan activarse.

Por último, se produce una activación e hiperplasia de mastocitos a nivel articular. Estos secretan metaloproteasas y citoquinas proinflamatorias.

Todos estos procesos llevan al establecimiento del tejido inflamatorio o pannus, el cual adquiere la capacidad de invadir y destruir el cartílago articular adyacente.

Cabe destacar que todo el mecanismo podría verse paliado por los linfocitos Treg, pero parece que la función de los mismos está disminuida en la artritis reumatoide, lo que contribuye al desequilibrio hacia la inflamación.


BIBLIOGRAFÍA







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